En hebreo la palabra “mentira” y “borrachera” suenan igual (sheker), aunque se escriben de forma diferente. Sea cual sea el idioma que hablemos, las falsedades repetidas hasta el hartazgo desarrollan en nosotros un estado de “alteración mental”, similar al mecanismo de adicción a las drogas, que acaba interpretándose como lo contrario. Son las popularmente conocidas como “verdades como puños”, los axiomas de fe del mundo contemporáneo. Algunos ejemplos: la ocupación israelí de Gaza (de la que se ha “desconectado” hace 13 años), el “genocidio” palestino (con cifras de muertes inferiores a las que producen los accidentes de tráfico), el “lobby” pro-israelí en EEUU (de hecho, mucho menos poderoso que el de las petroleras árabes) o la proverbial riqueza de los judíos (cuando el más rico sólo llega al 7ª lugar, incluso después del español Amancio Ortega).
Desde la patraña más medieval al bulo más moderno, las mentiras sobre los judíos y su reencarnación israelí siguen vivas y con más “puños” que nunca. Pese a que
