Estas experiencias históricas nos advierten de la necesidad de combatir a los extremismos a través de una educación que revele las dañinas manipulaciones de los hechos y, al mismo tiempo, una legislación que alcance a estos generadores de odio.
A fines del pasado marzo, nuevamente oímos un discurso cargado de incitación, calumnias y odio de la ya conocida neonazi española, Isabel Peralta. En esta ocasión, se unió a una turba radical pro palestina que manifestó frente a la “embajada” palestina en Madrid, para conmemorar el mal llamado día de la tierra y acusar a Israel de querer destruir el mundo.
Esta joven, con información incoherente y que expresa una confusa mezcla ideológica, propia de la distorsión con la que fue adoctrinada, señaló falazmente a Israel de usurpar el territorio que “le pertenece al pueblo palestino”. Su ofuscación
