Una de los títulos más bellos que recaen en la Corona española, que hace tan excepcional y extraordinaria, desde el punto de vista histórico, a nuestra monarquía, es la de Rey de Jerusalén. Porque Juan Carlos I, además de Rey de España, es también Rey de Jerusalén: algo insuficientemente conocido por los españoles, pero no por ello menos cierto y menos llamativo. ¿Quieren Vds. saber cómo se llega a tan curiosa situación? Pues bien, voy a intentar explicárselo. La cuestión es algo peliaguda, lo reconozco, por lo que será bienvenida toda aportación documentada que puedan hacer Vds., amigos lectores. Pero por mi parte, voy, por lo menos, a intentarlo.

Para empezar, no estará de más realizar un breve repaso a la Historia para saber qué fue el Reino de Jerusalén. Pues bien, el Reino de Jerusalén se constituye cuando el 15 de julio de 1099, la ciudad de Jerusalén es conquistada por los cristianos que habían sido llamados en Santa Cruzada cuatro años antes, en 1095, por el Papa Urbano II. Recae el honor de ser el primer Rey de Jerusalén sobre el francés Balduino I, que lo es entre los años 1100 y 1118, si bien su hermano Godofredo de Bouillon había gobernado la ciudad antes que él, durante apenas un año, el que va de 1099 a 1100, solo que a título de Defensor del Santo Sepulcro y no de Rey.