En su reciente libro España Descarrilada, Gustavo Perednik se extiende acerca de la obsesión europea en criminalizar siempre a un solo país.
En este artículo lo ejemplifica con el caso más extremo de una curiosa moralidad: la de quienes se mantuvieron apáticos ante el martirio del Líbano hasta que…, complementaremos ese síndrome poniendo de relieve su contrapartida: negar que el país judío pueda ser alguna vez la víctima fomenta en los medios europeos la imperiosa necesidad de convertir a Israel a toda costa, en el ubicuo verdugo. La euromiopía llegó a su éxtasis en el caso del Líbano. Leer la historia de ese país en los últimos treinta años, es casi un ejercicio de novelística kafkiana, sobre todo si se presta atención a la reacción mundial ante cada estadio de esa cronología. Cuando en 1970 Jordania mató a miles de palestinos y expulsó de su territorio a Arafat y

