Fue lunes pasado. Una amiga afgana exiliada me acababa de pasar las últimas imposiciones violentas del Talibán contra las mujeres de su país, entre otras, la obligación de ir con burka a la Universidad y viajar en los autobuses con una mampara que las segrega de los hombres. Pueden imaginar el castigo, si osan infringir las normas… También me había pasado la foto de una maestra que llevaba una escuela de niñas, a la cual habían asesinado. Se llamaba Kathera Noorzehi y tenía 37 años. La ahogaron con su propio pañuelo. Su imagen la pueden ver en el hashtag @standwithafganwomen.
Será cuestión del azar, o que la casualidad la carga el diablo, un rato más tarde me vi justo en medio de una jarana en las redes tan patética, como delirante. Un amigo me envió el anuncio de una «Raval fashion week«, organizada con dinero



