Hace cincuenta años, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó una resolución que equiparaba el sionismo con el racismo y la discriminación racial.
La Resolución 3379, adoptada el 10 de noviembre de 1975, estipuló que «el sionismo es una forma de racismo y discriminación racial». Setenta y dos países votaron a favor, 35 en contra y 32 se abstuvieron.
Aunque las resoluciones de la Asamblea General no suelen ser jurídicamente vinculantes, su influencia en el desarrollo del derecho internacional público puede ser significativa. Además, su eco político puede resonar con mayor fuerza en el ámbito de la diplomacia internacional que muchas resoluciones jurídicamente vinculantes.






















