Mi amiga, la directora del Semanario Hebreo, Ana Jerozolimski, tras haber calificado en su editorial de irresponsable una decisión del gobierno israelí, retoma el tema a la semana siguiente, anunciando en su portada: “Polemizando sobre el rezo en el Kotel”. Voy a acudir en su ayuda, ya que todas las opiniones vertidas reflejan un mismo punto de vista. Y, por definición, en una polémica debería haber más de una visión.
GERARDO STUCZYNSKI
Mis diferencias no radican en cuanto a las consideraciones acerca de que el Muro de los Lamentos debiera ser un lugar de encuentro e identificación para todas las vertientes del judaísmo. En realidad comparto todos los argumentos que se exponen sobre la necesidad de que, tanto el Kotel en particular como Jerusalén y el Estado de Israel en general, debieran pertenecer a todos los judíos del mundo, sin importar su adhesión a determinada tendencia, grado de religiosidad u origen.