Vista combinada de la Casa Blanca, el enviado especial estadounidense Steve Witkoff y una instalación nuclear iraní, en medio de la advertencia de Washington sobre el posible cruce del umbral nuclear por parte de Teherán. Imagen generada con Inteligencia Artificial - Aurora 2026
El enviado especial Steve Witkoff sostuvo que Teherán podría alcanzar niveles de enriquecimiento aptos para armamento en una semana. La Casa Blanca exige el abandono total del programa como condición para negociar.
Estados Unidos encendió una nueva señal de alarma sobre el programa nuclear iraní.
El enviado especial del presidente Donald Trump para Medio Oriente, Steve Witkoff, afirmó que el régimen persa podría estar “a una semana” de enriquecer uranio a niveles aptos para armas nucleares, calificando la situación como “muy peligrosa”.
Las declaraciones se producen en un contexto de creciente tensión diplomática, despliegues militares estadounidenses en la región y nuevas protestas estudiantiles en varias ciudades iraníes contra el régimen de Teherán.
El punto crítico del enriquecimiento
Irán ya ha superado ampliamente los límites establecidos por el acuerdo nuclear de 2015 en materia de enriquecimiento de uranio.
El nivel necesario para uso civil suele mantenerse por debajo del 5%. Para armamento nuclear, el enriquecimiento debe acercarse al 90%.
Según la advertencia estadounidense, el régimen podría disponer del material fisible necesario en cuestión de días si decide avanzar hacia el umbral armamentístico.
Witkoff reiteró que la posición de Washington es inequívoca:
Estados Unidos exige el abandono total del enriquecimiento de uranio como condición previa para cualquier negociación.
“La comunidad internacional no puede aceptar un Irán al borde de la capacidad nuclear militar”, sostuvo el enviado.
La estrategia de presión de Trump
La advertencia forma parte de la estrategia de presión máxima impulsada por el presidente Donald Trump, que combina sanciones económicas, advertencias diplomáticas y refuerzo militar en Medio Oriente.
En las últimas semanas, Estados Unidos incrementó su presencia naval y aérea en la región, mientras mantiene abierta -al menos formalmente- la puerta a negociaciones, siempre que Teherán acepte condiciones estrictas.
Desde la Casa Blanca insisten en que no buscan una guerra, pero tampoco permitirán que Irán consolide una capacidad nuclear que altere el equilibrio estratégico regional.
Israel, por su parte, ha reiterado en múltiples oportunidades que no permitirá que el régimen iraní alcance armas nucleares, considerando esa posibilidad como una amenaza existencial.
Protestas internas y presión internacional
El escenario externo se combina con una creciente tensión interna en Irán.
Miles de estudiantes han salido nuevamente a las calles en distintas universidades del país al grito de “libertad” y consignas contra el liderazgo del ayatolá Ali Khamenei.
Las movilizaciones reflejan un malestar acumulado por la represión política, la crisis económica y el aislamiento internacional.
Analistas señalan que el régimen enfrenta una doble presión:
por un lado, el endurecimiento occidental;
por otro, un creciente descontento doméstico que erosiona su legitimidad.
Un equilibrio cada vez más frágil
La advertencia de que Irán podría estar a una semana del umbral nuclear eleva significativamente el nivel de tensión.
Si Teherán avanzara hacia el enriquecimiento militar, las opciones para Washington y sus aliados se reducirían drásticamente, aumentando el riesgo de una escalada regional.
Por ahora, la diplomacia continúa, pero el margen de maniobra se estrecha.
La pregunta central es si la presión económica y política logrará frenar al régimen o si el conflicto entrará en una fase más peligrosa.
23/02/2026 en AURORA

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