domingo, 18 de enero de 2026

La súplica secreta de Netanyahu a Trump para que espere con Irán: He aquí el porqué

Donald Trump Foto: Casa Blanca

La evaluación predominante es que una oportunidad más favorable surgiría durante una nueva ola de disturbios internos, una en la que la capacidad coercitiva del régimen se vea sometida a tensión, la legitimidad se vea erosionada y las fisuras en las fuerzas de seguridad se vuelvan más plausibles.

Según informes, Israel ha instado al presidente Trump a posponer cualquier acción militar inmediata contra Irán. Contrariamente a gran parte de la especulación pública en torno a esta postura, la toma de decisiones israelí no se basa en vacilaciones diplomáticas, presiones internas ni falta de sistemas de defensa, sino en una evaluación de inteligencia objetiva. El sistema de inteligencia israelí ha concluido que el momento actual es estratégicamente desfavorable para un ataque y que es improbable que dicha acción logre su objetivo más ambicioso: el colapso del régimen iraní.

En el centro de esta evaluación se encuentra una comprensión clara de cómo sobreviven los sistemas autoritarios. El cambio de régimen en Irán no está determinado únicamente por el descontento popular, sino por la continua lealtad de las instituciones coercitivas del Estado, en particular el ejército regular y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). Si bien Irán ha experimentado protestas generalizadas en los últimos años, incluyendo manifestaciones que desafiaron abiertamente la legitimidad del sistema gobernante, estos movimientos han disminuido temporalmente. Esto no se debe a que las quejas públicas hayan desaparecido, sino a que el régimen ha demostrado su disposición a usar una fuerza brutal y sin precedentes para reprimir la disidencia.

Los analistas de inteligencia israelíes evalúan que mientras el ejército iraní y el CGRI se mantengan cohesionados y dispuestos a disparar contra los manifestantes, la probabilidad de un colapso del régimen sigue siendo baja. La historia ha demostrado repetidamente que los gobiernos autoritarios caen no cuando estallan las protestas, sino cuando las fuerzas de seguridad se fracturan, rechazan órdenes o cambian de lealtad. Actualmente, no hay indicios creíbles de que tal división sea inminente dentro de la estructura de poder de Irán.

Quienes apoyan un ataque militar inmediato argumentan que retrasar la acción conlleva sus propios riesgos. Desde esta perspectiva, el continuo progreso de Irán en el desarrollo de misiles, la guerra indirecta regional y las capacidades nucleares representa una amenaza creciente para Israel y sus aliados. Quienes defienden el ataque argumentan que atacar ahora podría degradar la infraestructura militar iraní, disuadir futuras agresiones y demostrar determinación. También argumentan que la presión militar podría reavivar el malestar interno al exponer las vulnerabilidades del régimen y socavar sus pretensiones de fuerza.

Sin embargo, las evaluaciones de inteligencia israelíes sugieren que estos posibles beneficios se ven contrarrestados por importantes inconvenientes en las condiciones actuales. Un ataque llevado a cabo mientras el régimen mantiene un firme control interno podría, en cambio, fortalecer el control del poder por parte de sus líderes. La acción militar externa a menudo permite a los gobiernos autoritarios avivar el sentimiento nacionalista, silenciar la disidencia y justificar una represión aún más severa bajo la bandera de la defensa nacional. En lugar de debilitar al régimen, un ataque podría consolidar la unidad de la élite y marginar a las fuerzas de la oposición.

Otra preocupación clave es la sincronización estratégica. La reciente ola de protestas en Irán, si bien significativa, ha sido reprimida por la fuerza en lugar de resuelta políticamente. Esto sugiere que las presiones sociales permanecen ocultas. Las autoridades israelíes creen que estas tensiones son cíclicas, no extinguidas. Actuar ahora, cuando la situación está tranquila y el aparato de seguridad está plenamente movilizado, desperdiciaría la posibilidad de alinear la presión externa con la inestabilidad interna en una etapa posterior.

Además, un ataque inmediato corre el riesgo de desencadenar una escalada regional más amplia sin lograr resultados decisivos. Irán conserva una importante capacidad de represalia a través de milicias aliadas y fuerzas subsidiarias en todo Oriente Medio. Un conflicto iniciado sin una vía realista para el colapso del régimen podría, por lo tanto, resultar en una inestabilidad prolongada en lugar de una solución estratégica.

Por estas razones, Israel parece preferir la paciencia a la urgencia. La evaluación predominante es que una oportunidad más favorable surgiría durante una nueva ola de disturbios internos, una en la que la capacidad coercitiva del régimen se vea sometida a tensión, la legitimidad se vea erosionada y las fisuras en las fuerzas de seguridad se vuelvan más plausibles. Solo en tales condiciones la presión militar externa podría alterar significativamente el equilibrio de poder interno.

En resumen, la inteligencia israelí concluye que el régimen iraní no colapsará mientras el ejército y el CGRI sigan dispuestos y capacitados para disparar contra su propia población. Hasta que esa realidad cambie, la contención no se considera debilidad, sino prudencia estratégica.

Por Oded Ailam


17/01/2026 en AURORA





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